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Categoría: Japón 2012

DÍA 13: Kyoto – Narita. Fin del viaje

DÍA 13: Kyoto – Narita. Fin del viaje

Ese día nos levantamos y llovía a cántaros (será que Japón estaba triste porque ya nos íbamos :P). Al ser la última mañana que teníamos para ver cosas, decidimos ver lo que nos había quedado pendiente por falta de tiempo.

Cogimos el bus 101 desde Kyoto Station que nos dejó en frente del Castillo de Nijo (abre de 8:45 a 16h y la entrada cuesta 600 yens). También llegan los buses 9 o 50 (parada Nijo-jo). Consiste en unas murallas rodeadas por un foso y dentro hay un jardín enorme y varias estancias del castillo.

Es muy interesante porque puedes entrar y ver por dentro cómo eran las estancias del shogun y las salas de audiencias, donde recibían a los invitados de alto y bajo rango.

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Después cogimos otro bus que nos dejó en la entrada de arriba de los jardines del Palacio Imperial. No se puede entrar dentro del Palacio, a menos que tengáis una autorización. Nuestra idea era cruzar todo el parque y salir por la puerta de abajo, pero es enorme y cuando llevábamos un rato andando, decidimos salir por una puerta lateral y coger un bus para ir a comer. La verdad es que tampoco nos impresionaron mucho los jardines, eran como un parque cualquiera y si lo hubiéramos sabido, tal vez hubiéramos ido a otro sitio en lugar de este.

Paramos en Gion para comer y encontramos un sitio muy barato en la calle principal dónde comimos genial (ramen y Katsudon):

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Después fuimos al Hana Hostel a recoger nuestro equipaje y nos dirigimos a la estación de Kyoto para coger el shinkansen que nos llevaría a Tokyo. La idea era aprovechar nuestro último día de JRPASS para coger el tren Narita Express (que va al aeropuerto) y alojarnos esa noche en el pueblo de Narita, ya que nuestro vuelo salía pronto por la mañana y todos los hoteles de allí ofrecen un bus gratis al aeropuerto. Tuvimos que calcular bien los horarios para que nos cuadraran todos los trenes y reservar el Narita Express.

Como anécdota de lo buena gente que son los japoneses, debo decir que cuando estábamos a punto de bajarnos en Narita (es una parada antes del aeropuerto), vino corriendo un viejecito muy preocupado a decirnos que eso no era el aeropuerto. Como nos vio con las maletas, se pensaba que nos estábamos equivocando de parada ¡y vino corriendo a avisarnos! ¡Cómo echo de menos esa amabilidad!

Llegamos al pueblo al anochecer y nos alojamos en el Hotel APA Keisei Narita, que estaba cerca de la estación. Lo elegí porque tenía un onsen público y nos apetecía darnos un último baño antes de irnos. El hotel estaba muy bien, las habitaciones eran pequeñitas pero tenían de todo (parecidas a las del hotel Horidome Villa):

Para que os hagáis una idea tenían incluso mangas para leer en la habitación (en japonés).

También había muchos restaurantes por la zona, así que fuimos a buscar uno especial para nuestra última cena y encontramos un izakaya muy mono cerca de la estación. Pedimos varios platitos de cosas para picar, pinchos de carne, etc. Muy bueno todo y para beber pedimos un “sparkling wine from Spain” (vino espumoso de España) que resultó ser ¡cava Codorniu! jajaja nos hizo mucha gracia que tuvieran de eso allí.

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Después bajamos con los yukatas a darnos un relajante baño en el onsen (separado por sexos) y nos bebimos un té en la habitación antes de irnos a dormir.

Por la mañana desayunamos nuestros últimos “meron pan” y fuimos con nuestro equipaje hacia la lanzadera gratuita que nos llevaría al aeropuerto (la habíamos reservado la noche anterior). Cogimos nuestro vuelo a Barcelona con la compañía Aeroflot, haciendo una escala en Moscú de 3 horas. La vuelta se nos hizo mucho más larga que la ida y muy incómoda, pero al menos no nos volvieron a perder las maletas.

Es una sensación muy rara cuando vuelves, nosotros tuvimos jetlack durante 1 semana. Sin embargo, sentíamos una inmensa añoranza de ese país que nos había tratado tan bien y en el que habíamos visto cosas maravillosas. Es como viajar a otro mundo distinto al nuestro, una experiencia increíble. Estamos deseando volver para poder disfrutarlo con más calma. ¡Domo arigato!

DÍA 12-KYOTO: Kinkakuji, Arashiyama, Jidai Matsuri, Sanjusangendo y Fushimi Inari

DÍA 12-KYOTO: Kinkakuji, Arashiyama, Jidai Matsuri, Sanjusangendo y Fushimi Inari

El día 22 de octubre se celebra el Jidai Matsuri (el festival de otoño) en Kyoto. Busqué expresamente que mi viaje coincidiera con un día festivo porque me hacía ilusión ver una celebración japonesa. Mucha gente me dijo que estaba loca, que habría mucha gente y no podría ver nada más (aparte del festival) ni moverme por la ciudad. Pero, por suerte, no tuvimos ningún problema y pudimos ver todo lo planeado ¡y más!.

Nos levantamos prontito y cogimos el bus 205 desde la estación de Kyoto hasta la parada Kinkaku-ji-michi para ver el famoso Pabellón de Oro (Kinkaku significa oro y ginkaku plata). Aunque lo ponga en la Lonely Planet, no vayáis en el tren JR hasta Hanazono porque esta parada queda muy lejos del templo y tendréis que coger igualmente un bus para llegar.

El templo Kinkaku-ji abre de 9 a 17h y la entrada vale 400 yenes. Fue la villa de descanso del shogun Ashikaga Yoshimitsu y tras su muerte, fue transformado en un templo zen. Su nombre formal es Rokuonji.

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Con sus 2 pisos de arriba recubiertos de láminas de oro (este sí, porque para el Ginkaku-ji no les llegó el presupuesto), es para mí el más bonito de Japón. El entorno que lo rodea es mágico: un jardín zen con un lago desde el que se ve el reflejo del Pabellón en el agua.

El primer piso es de estilo japonés (del periodo Heian), el segundo de estilo samurai y el tercero de estilo chino (zen), con un fénix dorado en la punta del tejado.

La mayoría de templos de Japón han sido reconstruidos varias veces por culpa de incendios, guerras, etc. Éste también lo ha sido y la vez más reciente fue por culpa de un incendio provocado por un monje fanático.

A la salida del templo, decidimos entrar en la Casa del Té para probar el típico “matcha tea” con una pastita por 500 yenes. No es que esté especialmente bueno, pero nos hizo gracia porque en la pastita (que era puro azúcar) estaba grabado el dibujo del templo.

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Después, se pueden ver más templos por la zona, como el Ryoan-ji, con el jardín zen más grande. Sin embargo, eran ya las 12h, así que decidimos coger un bus hasta la estación JR más cercana, para ir al jardín de bambú de Arashiyama (JR Sagano Line, parada Saga Arashiyama). Al salir de la estación, fuimos hacia el templo Tenryuuji, porque pensábamos que el jardín de bambú estaba allí. Sin embargo, está antes de llegar a este templo y es gratis. Aunque si queréis visitar el Tenryuuji también es bonito y tiene un jardín zen de pago.

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Como veis en las fotos, impresiona ver tanto bambú junto y el entorno da mucha paz y tranquilidad. El jardín es bastante grande, con varios caminitos. Paseamos un rato por allí y nos encontramos con ¡otra geisha! Me emocioné tanto que las fotos me salieron un poco borrosas Sacando la lengua

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En esta se le ve el maquillaje típico, con la nuca descubierta por considerarse un zona muy erótica.

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Después nos dirigimos otra vez al tren para volver al centro de Kyoto para ver el festival. El Jidai Matsuri o Festival de las Edades es una de las celebraciones más importantes de la ciudad, ya que conmemora el nombramiento de Kyoto como la capital de Japón en 794 d. C. (antes se la conocía como Heian). Posteriormente, Tokyo pasó a ser la capital.

En este desfile, unas 2000 personas de todas las edades se disfrazan con trajes tradicionales de ese período, en una procesión de 2 km que empieza en el Jardín Imperial a las 12h y acaba en el Santuario Heian a las 14:30h. Aquí os dejo el itinerario completo:

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Nosotros nos bajamos en Sanjo Station sobre las 14h y todavía no habían pasado. Hay que tener en cuenta que iban muuuy lentos porque tenían que ir cortando las calles conforme pasaba la procesión (así que el tráfico no estaba cortado del todo, se podía llegar bien a los sitios). Al ser un recorrido tan largo, no está muy abarrotado de gente y se podía ver bien.

Aquí podéis ver un perro japonés aburrido esperando a que llegara el desfile:

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Y ¡por fin llegó! La procesión andaba en silencio y con gran majestuosidad. Me pareció curioso porque pensaba que sería más alegre y con música, pero sólo unos pocos tocaban algún instrumento. La indumentaria que llevaban era muy cuidada: trajes de samurai, geisha, carrozas con animales, etc.

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Fue interesante verlo, pero como iban tan lentos, nos dieron las 15:30 y aun no habíamos comido. Así que buscamos un restaurante cerca de la calle Sanjo (nos costó bastante) y acabamos en uno muy sencillo comiendo una especie de gyudon y sopa de cangrejo picante. Bueno, bonito y barato.

Cuando acabamos, todavía duraba el desfile, así que ¡imaginaros lo lentos que iban!. Nosotros cogimos un bus hasta el templo Sanjusangendo (bus 101, 206 o 208 hasta la parada Hakubutsukan-Sanjusangendo-mae). Abre de 8h a 17h, la entrada cuesta 600 yenes y está prohibido hacer fotos. Este templo es famoso por sus 1001 estatuas de Kannon (diosa de la misericordia). El pabellón principal es la estructura de madera más larga de Japón. Pudimos estar poco rato porque ya casi cerraban, pero la cantidad de estatuas es impresionante.

Como todavía era de día, decidimos coger la línea JR Nara desde la estación de Kyoto hasta Inari para ver los miles de toriis rojos de Fushimi Inari. Este santuario sintoísta está dedicado al espíritu de Inari (protector de las cosechas y del arroz). Es lo primero que te encuentras al salir de la estación, es decir que está en la entrada, no hace falta subir al monte para verlo. Es gratis y está abierto siempre.

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Si sigues andando, encontrarás los famosos toriis, que son donaciones de familias y particulares y delimitan el camino por el monte Inari. El nombre del donante y la cantidad donada está inscrito detrás de cada torii.

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Es impresionante, los caminos parecen no tener fin y el entorno está lleno de magia. Sobre todo si vais cuando está anocheciendo y empiezan a encender los farolillos.

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No llegamos hasta arriba del todo porque se nos hizo de noche, pero dicen que las vistas son muy bonitas. Cogimos el tren de vuelta a Kyoto y cenamos en un McDonalds porque ya era tarde (recomiendo que probéis los desayunos en los McDonalds de Japón, las hamburguesas son medio dulces, medio saladas). Y un poco tristes porque sólo nos quedaba un día en este maravilloso país, nos fuimos a dormir.

DÍA 11- KYOTO ESTE: Ginkaku-ji, Camino Filosofía, Kiyomizudera, Gion y Pontocho

DÍA 11- KYOTO ESTE: Ginkaku-ji, Camino Filosofía, Kiyomizudera, Gion y Pontocho

Los días que nos quedaban los íbamos a dedicar a ver Kyoto. No es muy recomendable verlo en fin de semana porque hay mucha más gente en todos lados, pero si no hay más remedio, se puede hacer igualmente. Nosotros visitamos la zona este de Kyoto en domingo y nos dio tiempo a todo.

Este es un mapa de Kyoto con las cosas que queríamos visitar marcadas en amarillo:

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Empezamos el día yendo a la estación de Kyoto (al lado del hotel) porque desde allí salen la mayoría de buses para visitar la ciudad. La mayoría de los autobuses tienen una tarifa de 220Y, pero hay otras tarifas para recorridos más alejados. En el bus se entra por la puerta trasera y se sale por la delantera pagando en una máquina automática que hay junto al conductor. Si se tienen que realizar más de 2 viajes en autobús sale a cuenta comprar una tarjeta de 1 día por 500Y (te la puede vender el mismo conductor). Se valida en el primer viaje y a partir de ahí sólo hay que enseñarla al salir. Además de las líneas normales, está el RAKU BUS (100, 101, 102) que va por zonas de especial interés turístico y cuesta lo mismo.

Nosotros empezamos nuestro recorrido en el templo Ginkaku-ji (Pabellón Plateado). Para ello teníamos que coger el bus 5, 17 o 100 en la estación y bajarnos en la parada de Ginkaku-ji-michi. El templo abre de 9 a 16:30h y cuesta 500 yens.

Este templo zen es uno de los más famosos de Kyoto. En realidad su nombre formal es Higashiyama Jishoji. Sin embargo, le llaman Ginkaku-ji porque en un principio lo querían cubrir de plata, pero al final no pudo ser porque hubo una guerra y se quedaron sin los recursos necesarios. Como curiosidad, la parte de abajo del edificio es de estilo japonés y la de arriba de estilo chino.

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Lo que más impresiona es su hermoso jardín zen (sobre todo un enorme flan de arena que simboliza al monte Fuji).

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El jardín sube hasta una colina desde la que se pueden ver unas vistas espectaculares del templo.

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Al salir, hay una casa del té dónde puedes tomarte el típico té verde con una pastita.

Nosotros nos dirigimos al Camino de la Filosofía para recorrerlo a pie (son unos 2,5 km). Se trata de un camino que discurre a lo largo de un canal rodeado de cerezos. Lo llaman así porque el filósofo Kitaro Nishida andaba por él para inspirarse y reflexionar, por la paz y calma que le transmitía.

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Ositos pescando en el canal :3

A lo largo del camino vas encontrando multitud de templos, nosotros sólo fuimos al Nanzen-ji porque era gratis (abre de 6 a 18h). Nos quedamos muy sorprendidos de ver en medio de los terrenos del templo un acueducto romano (Suirokaku). Más tarde, nos hemos enterado de que todavía funciona y de que se usa para suministrar agua potable desde el lago Biwa.

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Desde aquí cogimos un bus y nos bajamos en Gion para comer algo. Sin embargo, por la calle principal sólo hay tiendas de productos para geishas y casas de té. Los restaurantes por esa zona son muy caros, si queréis comer barato tiene que ser en Pontocho o buscando por callejones. Así es como nosotros descubrimos un restaurante de sopas que no estaba mal:

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Al volver al bus, descubrimos un templo muy bonito en Gion: el Yasaka jinja (gratis). Este templo tiene un papel importante en el Festival de Gion, ya que es la entrada al parque Maruyama. Dentro volvimos a ver una boda (¿quién dijo que era difícil ver bodas en Japón?):

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Después cogimos un bus que nos dejó en otro de los templos más importantes de Kyoto: el Kiyomizudera o templo del agua pura (abre de 6 a 18h y cuesta 300 yens). Es el único templo que encontramos abarrotado de gente, supongo que porque era domingo. Para llegar a él hay que coger el bus 206 y bajarse en Kiyomizu-michi. Después tendréis que pasar por una calle llena de tiendas.

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El templo es conocido sobre todo por el manantial Otowa-no-taki y sus tres fuentes. Tuvimos que hacer mucha cola para beber de esta agua pura, que dicen que tiene propiedades curativas. Hay que elegir uno de los 3 chorros, porque si bebes de los 3 trae mala suerte.

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En este templo también encontraréis el Jishu-jinja o templo del amor (pasado el templo principal, subiendo unas escaleras). Se trata de dos piedras separadas por 18 metros. Los que quieran obtener el amor deseado deben andar de una piedra a otra con los ojos tapados.

Por último, otra cosa que nos impactó (aparte de sus jardines y de las vistas que se veían de Kyoto) fue una especie de gruta a la que tenías que bajar totalmente a oscuras y sin ver nada, tocando las paredes hasta que llegabas a una tumba y allí tenias que pedir un deseo. Da un poco de miedo porque nosotros bajamos sin saber qué nos encontraríamos, pero recomiendo hacerlo.

Después de este templo, cogimos un bus hasta la estación (sobre las 16-17h de la tarde los buses van abarrotados porque todo el mundo vuelve de ver los templos, así que tuvimos que montarnos como pudimos). En la estación se puede ver la torre de Kyoto:

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Después de una siesta en el hotel, volvimos a la estación para coger un bus a la zona de Gion, que por la noche hay más movimiento. Bajando por la calle principal, si os metéis por los callejones de la izquierda, encontraréis restaurantes tradicionales (muy caros) y es posible que veáis alguna geisha. Yo me emocioné mucho al ver estas dos, que creo que eran maikos (aprendices de geisha) porque iban muy recargadas y tintineaban cascabeles al caminar.

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Intentamos ir a ver el espectáculo tradicional que hacen en el Gion Corner, pero ese día o no lo hacían o en la guia estaban mal los horarios porque allí no había ni Dios Trist

Después fuimos andando hasta la calle Pontocho (pasado el rio) y buscamos un restaurante para cenar. Al final acabamos en uno muy barato de carne y sopas picantes de fideos con almejas. ¡Estaba muy rico! Y ya cogimos el bus de vuelta al hotel.

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DÍA 10- Kyoto: excursión de 1 día a Hiroshima y Miyajima

DÍA 10- Kyoto: excursión de 1 día a Hiroshima y Miyajima

Decidimos hacer la excursión a Hiroshima y Miyajima en un día por falta de tiempo, a pesar de que no sabíamos si podríamos verlo todo. Al final nos dio tiempo a todo, incluso a subir al monte Misen. Si vais más días dicen que es recomendable quedarse a dormir en un ryokan en Miyajima porque cuando se van los turistas de la isla es muy romántico. Al ser lugares muy turísticos, es mejor que no vayáis en fin de semana.

Esa mañana era nuestro último madrugón y nuestra última excursión, ya que el resto de días nos quedábamos en Kyoto y nos los íbamos a tomar más de relax. Cogimos el shinkansen en la estación de Kyoto a las 7:20h y a las 9:00h estábamos en Hiroshima (sin trasbordos).

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Hiroshima fue la primera ciudad japonesa atacada con una bomba atómica por el Ejército Americano durante la Segunda Guerra Mundial. Esta tragedia ocurrió el día 6 de Agosto de 1945 y murieron unos 200.000 civiles.

Para llegar a la zona del Parque de la Paz, desde la estación de Hiroshima se coge la línea 2 o 6 del tranvía hasta la parada “Genbaku Domu mae” (Cúpula de la bomba atómica). El viaje tarda 15 minutos y el billete se paga a la salida (150 yenes). En seguida se ve la Cúpula medio destruida por la bomba. Este edificio fue uno de los pocos que quedó en pie tras la explosión.

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A su derecha, al otro lado del río se encuentra el Parque de la Paz:

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Dentro del parque hay varios monumentos:

La Estatua en memoria de los niños que fueron víctimas de la Bomba. Es muy triste la historia de Sadako Sasaki, una pequeña niña japonesa que enfermó de leucemia a causa de la bomba atómica. Ella pensaba que si lograba hacer 1000 grullas de papel conseguiría curarse, pero falleció antes de conseguirlo y por eso los demás niños dejan grullas en su memoria y otras ofrendas.

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La Campana de la Paz (se toca para reclamar la Paz en el mundo).
– Un reloj que toca cada mañana a las 8:15h, hora en la que cayó la bomba.
El Cenotafio: es un arco de piedra con los nombres de las víctimas.
La Llama de la Paz, que no se apagará hasta que ya no queden armas nucleares en el mundo.

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También se encuentra el Museo de la Paz (Horario: de 8:30 a 18h. Precio: 50 yenes). La primera parte es más histórica e informativa, la segunda deja un poco de mal cuerpo porque hay fotos de las víctimas, objetos quemados tras la explosión, relojes parados a la hora en que cayó la bomba, etc. Sin embargo, lo recomiendo encarecidamente, salimos muy emocionados.

Esta es una foto de cómo quedó la ciudad tras la explosión y el triciclo de un niño:

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Otras cosas que ver en Hiroshima si disponéis de más tiempo: el Castillo y el jardín Shukkeien.

Nosotros tampoco pudimos entretenernos mucho en el Museo porque teníamos que coger el tranvía de vuelta a la estación, después un tren a Miyajimaguchi (que tardó 25 minutos) y así poder coger el ferri a Miyajima sobre las 12h (tanto el tren como el ferri son gratis con el JRPASS). El viaje en ferri dura unos 10 minutos y salen frecuentemente. Aquí salen los horarios: www.jr-miyajimaferry.co.jp/time/

Esta página te calcula a qué hora habrá marea alta o baja según el día que vayáis (mejor si podéis ver las 2, pero si no la alta es más espectacular):

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Miyajima es una isla sagrada conocida por su maravilloso torii flotante (es Patrimonio de la Humanidad). En el pasado, a las mujeres no se les permitía visitar la isla y los ancianos eran enviados a morir a otros lugares. También está llena de ciervos sueltos, como en Nara.

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Nada más llegar fuimos en busca del teleférico que nos llevaría a lo alto del Montse Misen. El precio son 1800 yenes ida y vuelta (se puede subir andando pero se tardan 2 horas de subida y 2 de bajada). Se coge en el Momijidani Park y se tiene que hacer un trasbordo, por lo que son 2 teleféricos hasta arriba.

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Las vistas son espectaculares, aunque se supone que para llegar al Observatorio hay que andar un poco, pero nada más bajarse del teleférico también hay un mirador (no apto para gente con vértigo).

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Al bajar por el parque Momidaji (que parece más un bosque) para volver a la zona del Torii, comimos un ramen en un restaurante que tenía mesas a fuera (pasaréis por él cuando volváis del teleférico). Estaba bueno y era barato.

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Después fuimos al templo Itsukushima (Abre de 6:30h a 17:30h y la entrada vale 300 yenes). Es un santuario sintoísta construido sobre el mar. Es conocido sobre todo por su enorme O-Torii, el cual en marea alta parece que esté flotando sobre el mar y en marea baja se puede ir andando hasta él.

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Tuvimos la suerte de ver otra boda dentro del templo, esta vez mucho más de cerca. ¡Casi parecía que nosotros fuéramos invitados también!

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Después andamos un rato y llegamos al templo Daisho in (8:00 – 17:00, gratis). Un templo muy bonito y curioso por tener un montón de pequeñas estatuas de budas, desde bebé a viejecito en posturas diferentes.

Por último, nos quedaba el templo Senjokaku, famoso por su pagoda de 5 pisos. (8:30 – 16:30, 100 yens). Sólo lo pudimos ver por fuera porque ya estaba cerrado.

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Entonces, para hacer tiempo para ver la puesta de sol y para que bajara la marea, fuimos a ver las tiendecitas de souvenirs. En cada sitio de Japón hay una galleta típica, la de Miyajima es la que tiene forma de arce y suele estar rellena de compota de alubia roja. Vimos como 50 tiendas vendiendo estas galletas, algunas eran recién hechas (artesanales), otras rellenas de mil sabores ¡muy ricas todas!

También nos sobró tiempo para tomar unas cervezas típicas de Miyajima viendo la maravillosa puesta de sol. Aquí la tenéis:

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La marea iba muy lenta y no pudimos llegar andando al Torii porque ya era tarde, pero pudimos acercarnos bastante y era muy curioso ver las algas y conchas por el suelo.

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Cogimos el ferri de vuelta sobre las 18:30h, luego el tren que iba a la estación de Hiroshima y por último el shinkansen a Kyoto a las 20h. Por lo que llegamos allí casi a las 22h. Nos quedamos con ganas de probar el okonomiyaki en Hiroshima, ya que es típico de allí, así que (como no pudimos porque si no perdíamos el tren) fuimos a un restaurante que estaba al lado del hotel y nos comimos un okonomiyaki relleno de yakisoba ¡buenísimo!. El restaurante se llama Donguri, comes delante de unas planchas calientes, lo recomiendo. Sin embargo, suele estar lleno siempre y seguramente tendréis que hacer cola.

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DÍA 9- Kyoto: Excursión a Iga Ueno (Museo Ninja) y Nara

DÍA 9- Kyoto: Excursión a Iga Ueno (Museo Ninja) y Nara

Este día nos tocó madrugar (a las 6 am) porque teníamos un largo trecho de trenes por delante con varios trasbordos suicidas, como podéis ver:

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La idea era ir a Iga Ueno por la mañana para ver el Museo ninja y el castillo y a Nara por la tarde. No sabíamos si nos daría tiempo a todo, pero al final lo logramos.

Por suerte nuestro hotel de Kyoto estaba muy cerca de la estación (a 5 min andando) y eso para las excursiones nos fue genial. Entramos con nuestro JRPASS y al cabo de 2 horas en tren llegamos a nuestro destino. El trayecto fue un poco estresante porque teníamos pocos minutos para hacer los trasbordos y además los trenes iban muy llenos y teníamos que ir de pie.

Iga Ueno era un pueblo desierto sin apenas nadie por la calle. Seguimos las indicaciones del mapa y empezamos a andar hacia el parque dónde se suponía que estaban el castillo y el museo ninja. Después de 20 min andando decidimos preguntar a un buen hombre y nos acompañó un trecho del camino. Al final resultó que estaba bastante lejos y el parque estaba como en una especie de monte, así que el camino era de subida (¡unos 45 min andando!). El hombre era un granjero y nos dio su tarjeta para que lo llamásemos si teníamos algún problema (¡los japoneses son tan amables!).

Nosotros pensábamos que la caminata merecería la pena porque, según lo que había leído por internet, el Museo parecía divertido: en teoría te disfrazaban de ninja y luego había un show en el que hacían demostraciones de lucha.

Museo ninja
Horario: 9:00 a 17:00 (última entrada a las 16:30)
Cerrado: 29 de diciembre al 01 de enero
Precio entrada: 700 yenes

Show ninja: de 11h a 15h cada hora. Precio: 200 yenes.

Qué decepción nos llevamos cuando por fin encontramos el museo y éramos los únicos visitantes. Yo creo que se sorprendieron de vernos y todo… ¡y además ese día no hacían el show ninja! (nos dijeron que sólo lo hacían para grupos, cosa que no ponían en la web). No sé si es porque era un día entre semana, a lo mejor los domingos está lleno, pero desde luego no nos esperábamos esto.

Ya que habíamos llegado hasta allí, pagamos los 700 yens para ver el Museo. No nos pudimos disfrazar y fue bastante cutre para el precio que valía: primero una japonesa nos enseñó los escondrijos de una casa ninja que solían usar para espiar a sus enemigos o esconder sus armas (puertas giratorias, compartimentos ocultos, etc.). No nos enteramos de mucho porque lo explicaba en japonés, pero la pobre se esforzó mucho con los gestos.

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Después entrabas en una sala de exposición con varios objetos, ropa y armas relacionados con el mundo ninja y podías leer en inglés su historia y curiosidades. La verdad es que hacer todo ese camino para ver eso… no merece la pena. No sé si es que fuimos en mal día o tuvimos mala suerte, pero no lo recomiendo.

Ya que estábamos allí, pagamos 200 yens más por persona para lanzar estrellas ninja a una diana (fue lo más divertido de todo). Después fuimos a ver el castillo de Ueno por fuera, no entramos porque íbamos justos de tiempo.

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Volvimos a la estación y cogimos el tren de las 12h con trasbordo en Kamo. Llegamos a Nara a la 13h y lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer. En la calle principal Sanjo-dori encontramos un restaurante muy barato y por 600 yens cada uno comimos de lujo:

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Después de comer, seguimos todo recto por esa misma calle hasta que llegamos al parque de Nara, dónde hay múltiplos templos y los ciervos andan sueltos porque que se consideran “mensajeros de los dioses”. Nara es una ciudad cercana a Kyoto, fue capital de Japón desde el año 710 al 784. Tiene 8 monumentos declarados patrimonio de la humanidad, pero a nosotros sólo nos dio tiempo a ver los 2 templos más importantes. El primero que te encuentras es el templo Kokufu-ji, que contiene 2 pagodas, una de 3 pisos y otra de 5. La más alta es símbolo de Nara. (Es gratis. Sala del tesoro: 500 yens. Abierta de 9h a 17h). Al lado está el estanque Sarusawano-ike, en el que se refleja la pagoda.

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Después de ver este templo, compramos unas galletas que venden para dar de comer a los ciervos que andan sueltos por allí. Si no las llevas, no te hacen ni caso, pero si las huelen… empiezan a perseguirte cada vez más y ¡al final tienes casi que correr! La verdad es que es muy divertido porque primero te viene uno, luego otro y cuando te das cuenta estás rodeado y no puedes darles galletas a todos. Yo tenía a uno mordiéndome la chaqueta y a otro dándome cabezazos ¡jajaja! Al final les tiré las galletas que me quedaban porque me estresé.

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Como veis se meten por todas partes…

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Después fuimos a visitar un jardín zen muy bonito que se llama Issuien, con un lago, una casa del té… Se tienen que pagar 650 yens de entrada y abre de 10 a 16:30h. A mi me gustó mucho, pero si no queréis gastar tanto, justo al lado hay otro que es gratis para los turistas.

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Al acabar, fuimos a ver el templo más famoso de Nara y uno de los que más me ha impresionado: el Todai-ji. Es el edificio de madera más grande del mundo y alberga la estatua de Buda (Daibutsu) en bronce más grande de Japón. Se dice que se han visto 4 o 5 monjes en la palma de la mano del Buda cuando lo están limpiando, para que os hagáis una idea.

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A parte, dentro hay una columna de madera con un agujero que si se logra atravesar, se dice que se alcanzará el Nirvana. Muchas personas lo intentaban y algunos lo conseguían:

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Por último, íbamos a ver el Santuario Kasuga, que contiene cientos de faroles de piedra. Sin embargo, estábamos ya muy cansados de todo el día y como estaba un poco lejos, decidimos no ir (parece que no, pero el parque de Nara es enorme). Nos quedamos un rato más jugando con los ciervos y volvimos a la estación sobre las 18h.

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Llegamos a Kyoto a las 19h, cenamos algo y… ¡a dormir!

DÍA 8: Takayama – Shirakawago – Kyoto

DÍA 8: Takayama – Shirakawago – Kyoto

Esa mañana nos esperaba un súper-desayuno en el comedor de nuestro ryokan (similar a la cena del día anterior). Con sopas, arroz, cosas raras y también salchicha, huevo y croissant (para la gente a la que no le apetece un desayuno tradicional japonés).

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Hicimos las maletas y, muy amablemente, el dueño del ryokan se ofreció a llevárnoslas a la estación a la hora de coger el tren (a las 15:30h) para no tener que volver a buscarlas.

El día anterior, nada más llegar a Takayama, reservamos el bus a Shirakawago en las oficinas de Nohibus (saliendo de la estación, a la izquierda). Los tickets son 4300 yens por persona ida y vuelta.

El bus salía a las 8:50h y como nos habíamos levantado pronto, fuimos andando a la estación y pasamos por el mercado matutino de Takayama (al lado del río).

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Me compré una muñeca típica de allí que se llama Sarubobo (“Happy Monkey Baby”) y dicen que da buena suerte y felicidad. También probamos esta pasta en forma de pez y rellena de compota de judía roja, ¡muy rica! (se llama taiyaki).

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Después cogimos el bus en frente de las oficinas de Nohibus (el núm. 4) y al cabo de 1 hora llegamos a Shirakawago.

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Es una aldea de casas típicas Gassho-zukuri (con el tejado muy inclinado de paja) que está localizada en un precioso valle entre montañas. En la mayoría de estas casas vive gente. Sin embargo, algunas son de exposición y en otras te puedes alojar desde 7000 yens por persona con desayuno y cena. También hay un onsen público que se llama Shirakawago no yu.

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Al bajar del bus hay un puesto de información donde te dan un mapa gratis del sitio. Luego hay que cruzar el puente que atraviesa el río para entrar al pueblo y en poco más de 2 horas da tiempo a verlo todo: las casitas, las tiendas y el mirador desde donde se ve una vista espectacular de Shirakawago desde arriba. Existen algunas de estas casas que son “propiedad cultural destacada” y se encuentran abiertas al público (pagando una entrada puedes ver cómo son por dentro). Cada año se acondicionan tres o cuatro tejados con la cooperación de todo el pueblo.

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También hay un museo (al lado de los buses) con más casas típicas, pero se tiene que pagar entrada.

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Hay otra zona parecida de casas museo en Takayama (más cerca) que se llama Hida no Sato, por si no tenéis tiempo o dinero para ir hasta aquí. A nosotros nos gustó muchísimo Shirakawago, no sé cómo será Hida no Sato.

A las 12h cogimos el bus de vuelta (salen cada hora) para llegar a Takayama a la 13h y que nos diera tiempo a comer antes de coger el tren. Repetimos en el restaurante de carne de hida porque nos encantó y no sé cuándo podremos volver a probarla. Después fuimos a la estación y ya nos estaban esperando con nuestras maletas, así que enseñamos nuestro JRPASS para acceder al tren que nos llevaría a Kyoto (haciendo transbordo en Nagoya).

Llegamos allí a las 18:50h y nos dirigimos a nuestro nuevo hotel, el Hana Hostel. Está tan cerca de la estación que fuimos andando. Es un albergue pero también tiene habitaciones privadas con baño y son de estilo japonés: con suelo de tatami, futones, la mesita baja, etc. Obviamente no era como el ryokan de Takayama porque el Hana es mucho más económico y sencillo. Sin embargo, está bien situado, el personal es muy amable y es de lo más barato que encontré en Kyoto (60-70€ la noche). Además tiene todo lo necesario: TV, aire acondicionado, secador, bañera, WC, wifi, etc. El futón te lo tienes que montar tú pero vienen instrucciones y es fácil. También hay una zona común con cocina, nevera, microondas y ordenadores.

Nada más llegar, tienes que quitarte los zapatos, dejarlos en un zapatero y ponerte unas zapatillas de estar por casa que tienen allí (como en todos los ryokans y restaurantes tradicionales). En el suelo de tatami tienes que ir descalzo.

La chica de la recepción nos dijo que como estábamos más de 4 noches alojados nos tocaba un regalo a elegir entre una bolsa de chuches japonesas, un origami o nuestro nombre escrito en japonés ¡todo un detalle por su parte!. También nos dió mapas de kyoto y de los buses y nos dijo que si queríamos fumar, en el porche del hotel se podía pero dentro no (no sé si lo había comentado antes, en Japón no se puede fumar en la calle, en cambio dentro de la mayoría de restaurantes sí. Hay algunas zonas de fumadores en la calle pero pocas).

Una vez instalados y con el futón montado, fuimos a cenar por los alrededores del hotel, en un restaurante muy barato que estaba en un centro comercial de la calle principal. No nos gustó especialmente, comparado con los que habíamos probado hasta entonces.

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DÍA 7: Takayama

DÍA 7: Takayama

Ese día cogimos las maletas, dejamos el hotel y nos fuimos a la estación de Tokyo para coger el tren que nos llevaría a los Alpes Japoneses. Mucha gente me decía que estaba loca por ir a esta zona con los pocos días que tenía para ver Japón. Sin embargo, es de las cosas que más me han gustado del viaje. Merece la pena ver el Japón rural, es muy diferente a todo lo demás y hará que vuestro viaje esté lleno de contrastes. ¡Una experiencia única que recomiendo!

Este día activamos el JRPASS, por lo que a partir de ese momento, todos los trenes que cogimos a lo largo del viaje estaban incluidos en el precio. Sólo teníamos que enseñar la tarjeta y pasar por un lado, como si fuéramos VIP jeje. El tren salía a las 8:30h de Tokyo y llegaba a las 13:10h a Takayama. Cogimos un shinkansen o tren bala hasta Nagoya y allí hicimos transbordo al tren Hida Wide-View, que nos llevó a través de un maravilloso paisaje lleno de lagos, ríos y montañas. En total unas 4 horas de viaje, que no se hacen muy pesadas dado que los trenes en Japón son comodísimos.

Vistas desde el tren:

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Al llegar nos estaban esperando los de nuestro ryokan con una furgoneta para llevarnos gratis al hotel (tienes que avisar previamente por email de la hora que vas a llegar). Había reservado una noche en el ryokan Yamakyu, valorado con el nº1 por los usuarios de Tripadvisor cuando lo cogí. Está a 15 minutos andando de la estación y muy cerca de las Old Houses. Es un ryokan tradicional, con un personal encantador. A pesar de no ser de los más lujosos, es precioso. Las habitaciones tienen baño privado (sin ducha), suelo de tatami, futones, yukata, mesita para el té, TV, wifi y todo lo imprescindible. Parecía la habitación del Doraemon:

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En el precio (160€ la noche) también nos incluía una cena kaeseki, el desayuno y el onsen público. Este es el ryokan por fuera y por dentro:

Dejamos las maletas en el hotel y fuimos a comer a un restaurante de carne de Hida que nos recomendaron. Se llama Maruaki y está al lado de la estación. Aquí podréis comer ternera de Hida a buen precio (unos 20€ por persona) y está buenísima!!!!! No he probado nunca nada mejor! Tienen sus propias vacas y una carnicería. Nosotros cogimos un surtido de carne para hacer al estilo yakiniku (la haces tú en una especie de parrilla) y unas sopas.

Después visitamos el centro histórico de Takayama, las Old private houses, que son unas casas antiguas de madera que datan de la época Edo. Te sientes como si retrocedieras en el tiempo. Son 3 o 4 calles y están llenas de tiendas de souvenirs y comida.

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Allí nos comimos un excelente takoyaki para picar (bolitas de pulpo) y se nos puso a llover a cántaros. Así que no pudimos ver gran cosa más y nos fuimos al ryokan que serían las 17h.

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Al llegar al ryokan, decidimos probar el onsen público, que estaba en la planta de abajo. Es separado por sexos y tiene un onsen interior y otro exterior ¡una gozada! Como ya expliqué, es importante que antes os duchéis para estar limpios antes de meteros en el agua.

Fue muy relajante porque estábamos solos en nuestros respectivos onsen. Además, desde el onsen exterior podíamos hablar a través de la pared y era como si estuviéramos juntos.

Después bajamos con el yukata al comedor donde nos esperaba nuestra cena tradicional kaeseki. Las mesas eran bajitas y los asientos eran cojines en el suelo. Estaba todo lleno de platitos pequeños que casi ni cabían en la mesa. Había: sashimi, arroz, sopas, tempura, carne de hida hervida y muchísimas cosas que no sé que eran. No paraban de traer platos nuevos. Algunos nos gustaron y otros no tanto porque no estábamos acostumbrados. Sin embargo, merece la pena la experiencia.

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Después llegamos a la habitación hartos de comer y ya nos habían preparado los futones. Así que nos fuimos a dormir y sorprendentemente ¡eran muy cómodos! Dormimos de lujo.

DÍA 6: Kamakura y Yokohama

DÍA 6: Kamakura y Yokohama

Kamakura es una ciudad famosa por sus numerosos templos y por estar al lado de la playa. Se suele visitar en 1 día porque está cerca de Tokyo. Debo decir que esta excursión en un principio la tenía marcada como opcional, si nos daba tiempo y al final me gustó más que Nikko, así que la recomiendo.

Mapa del recorrido programado:

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Cogimos el tren JR Yokosuka Line a las 8:15h en Tokyo Station y llegamos a Kamakura a las 9:10h, como no teníamos activado todavía el JRPASS nos costó 890 yens. Allí hicimos transbordo al Enoshima Electric Railway y tras 5 minutos nos bajamos en la parada Hase (190 yens). También podéis ir andando (30 min) o alquilar una bici.

Al llegar desayunamos un meronpan con pepitas de chocolate y un dorayaki recién hecho. Mmm… buenísimo.

En Hase hay 2 templos que vale la pena visitar, el primero es el templo budista Hasedera, famoso por la gran estatua de madera de la diosa Kannon. Está cerca de la estación, subiendo por la calle principal y girando a la izquierda (300 yens. 8-16:30h).

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Es curiosa la cueva dedicada a la diosa Benzaiten, la única mujer de los 7 dioses de la suerte (cuyas estatuas están esculpidas en las paredes de roca). También tiene unos jardines preciosos y desde arriba se ven las vistas de la playa.

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Os sorprenderá ver muchísimas estatuas de pequeños buda. Su triste significado es que las ponen para proteger el alma de los niños que han fallecido.

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Después de subir unas cuantas escaleras y visitar este maravilloso templo, seguimos por la calle de tiendecitas hasta llegar al otro que teníamos programado: el Kotoku-in, conocido por su buda gigante (Daibutsu). Vale 200 yens y está abierto de 7:00 a 18:00 h. También es curioso entrar en su interior, vale solo 20 yens (8:00 – 16:30h). Esta estatua tiene 13,35 m de alto y pesa alrededor de 93 toneladas, convirtiéndolo en el segundo buda más grande después del de Nara (Todai-ji).

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No eran ni las 11h, así que decidimos echar un vistazo a la playa, que estaba al lado de la estación de Hase. Como veis es igualita que en el Caribe, con su arena negra, sus cuervos… Sacando la lengua estaba desierta salvo por unos cuantos japoneses practicando surf.

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Volvimos a coger el trenecito hasta Kamakura y allí teníamos previsto ver el santuario Tsurugaoka Hachiman-gu (100yens. 8:30- 16:30h). Se llega andando unos 15 minutos por una calle muy chula llena de tiendas y puestecitos para picar (!cómo no!). Es el santuario sintoísta más importante de Kamakura. Cuando fuimos estaba lleno de colegiales:

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Después comimos en un restaurante de la calle que os he comentado que estaba riquísimo. Estaba volviendo a la estación, en un callejón a mano derecha. Comimos el mejor okonomiyaki y yakisoba del viaje. En teoría, tenías una plancha en la mesa para cocinarlo tu, pero como el camarero vio que no teníamos ni idea, muy amablemente nos lo cocinó él.

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Volvimos a la estación y nos bajamos en la siguiente parada (Kitakamakura) dirección a Tokyo (130 yens. 3 min). Esta zona es conocida por sus templos Zen. El más antiguo es el Kencho-ji (8:30- 16:30h. 300 yens).

Nosotros por falta de tiempo sólo pudimos visitar el Engaku-ji (8-17h. 300 yens), que es el segundo entre los grandes templos zen de Kamakura. Alberga una famosa estatua de madera de Buda, y su campana está declarada Tesoro Nacional. Los jardines son espectaculares, llenos de cedros y alberga también un cementerio japonés. Cuando fuimos, al ser entre semana y estar a punto de cerrar, estaba desierto y daba mucha paz y tranquilidad visitarlo.

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A las 17h volvimos a coger el tren y esta vez nos bajamos en Yokohama, que también queda de paso. Es la segunda mayor ciudad de Japón y está muy cerca de Tokyo (a 30 min).

Destaca por tener el rascacielo más alto de Japón (Landmark Tower) con 296 metros de altura y un ascensor que sube a 750m/min hasta el piso 69 desde el que se ven unas vistas espectaculares de la bahía y el monte Fuji (1000 yens, de 10:00 a 21:00h):

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El Tokyo Skytree (634m) y la Tokyo Tower (333m) son más altos, pero no son rascacielos. Nosotros subimos que era de día y vimos la puesta de sol desde arriba. Como veis !las vistas de noche con todo iluminado son impresionantes!

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Para llegar debéis coger el metro y bajar en Minato Mirai. En esta zona futurista también está la noria más grande del mundo, mide 112 metros y tarda unos 15 minutos en dar la vuelta entera. Está en un pequeño parque de atracciones (Cosmo World) con salones recreativos, pachinkos y tiendas.

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También es famoso su barrio chino, el más grande de Japón (resumiendo, tienen todo lo más grande) que está en la parada de Motomachi Chukagai. Y su museo del ramen (500 yenes, 10-18h, cerrado los martes) que está en la parada de metro Shinyokohama.

Sobre las 19h decidimos volver a Tokyo porque estábamos cansadillos. Cogiendo el metro en Yokohama llegábamos hasta Kodenmacho, así que mejor porque no teníamos que hacer transbordo. Esa noche cenamos en un sitio de tempura y soba frío que estaba en la zona del hotel, muy rico por 800 yens. Era nuestra última noche en Tokyo porque al día siguiente nos íbamos a los Alpes Japoneses (Takayama).

DÍA 5: Excursión a Nikko sin JRPASS

DÍA 5: Excursión a Nikko sin JRPASS

Nikko es considerado patrimonio mundial de la humanidad. Este parque nacional japonés cuenta con numerosos templos dispuestos entre montañas, un lago, cascadas y baños termales. El paisaje en otoño es muy bonito por el cambio de color de las hojas.

Como he explicado antes, el primer día compramos en Asakusa el Tobu All Nikko Pass (4400 yens cada uno). Es una opción más económica para ir a Nikko (si no dispones todavía de Jrpass) que incluye el tren y los buses a los templos, al lago Chuzenji y a las Kegon Falls, entre otras cosas. Tiene una validez de 4 días, por si queréis alojaros en algún onsen de por allí. Otra opción era el pase World Heritage (3600 yens), pero no incluye el bus al lago y a las cascadas, sólo a los templos.

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El problema de Tobu es que el último tren sale a las 18.00 de Nikko, por lo que teníamos que madrugar para aprovechar el día y coger el de las 7:10 de la mañana como mínimo. La oficina a esa hora está cerrada, por eso compramos el pase antes. Se coge en la estación Tobu de Asakusa y llegamos a Nikko a las 9:20h. Importante: con este pase sólo entran los trenes Rapid, para los Limited Express hay que pagar un extra. Además, sólo los vagones 5 y 6 van a Nikko, no os subáis en los primero porque el tren se separa a medio camino (aunque no os preocupéis porque está todo muy bien indicado).

Horario trenes de Asakusa a Nikko (puede estar desactualizado):

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Horario bus Nikko:

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Podéis mirarlo en su web.

Una vez en Nikko, cogimos el bus (1 o 2) y nos fuimos al lago Chuzenji (parada Chuzenji onsen, 1 hora). Es muy bonito, aunque tal vez tenía muchas expectativas puestas porque me decepcionó un poco.

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Paseamos un poco por allí y fuimos andando a la cascada Kegon, que está al lado. La verdad es que se agradece un poco de naturaleza y tranquilidad para descansar del bullicio de Tokyo. La cascada la puedes ver desde arriba gratis, hay un mirador. Pero si quieres verla mejor, también hay un ascensor por 530 yens (8-17h).

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Así es como los japoneses llevan a sus perritos jeje:

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Volvimos a la parada del bus pasando por multitud de tiendas de souvenirs y galletitas típicas. Compramos unos bentos para comernos luego por 800 yens (como hacen los japoneses cuando van de excursión).

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Nos bajamos en la parada Nishisando para ver los templos (50 min). Hay muchos en Nikko, pero podéis comprar una entrada combinada por 1000 yens en la que os entran 2 templos y un santuario. Los principales son el Tosho-gu, el Rinno-ji y el Futarasan Shrine (8-17h). Empezamos por éste último que es el más antiguo, del año 767. El recinto es muy bonito, en plena naturaleza. Al entrar hay como un aro gigante por el que se tiene que pasar varias veces y también nos sorprendió unos pequeños aros que la gente tiraba a distancia para meterlos en unos palos (como si fuera una feria, vamos).

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Después de una pausa para comernos nuestros bentos de arroz y carne en medio de la naturaleza (sentados en una piedra, porque los bancos no son muy abundantes en Japón y las papeleras tampoco), nos dirigimos al templo Toshogu, mausoleo del shogun Tokugawa Ieyasu. Se accede por un torii de granito y es dónde se encuentra el famoso grabado de madera de los 3 monos sabios (“no ver, no oír, no decir”) frente a los establos (donde guardan un caballo que les regaló el gobierno de Nueva Zelanda).

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Se suben una escaleras que conducen a la puerta Yomeimon y a los santuarios dedicados al shogun.

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Después fuimos andando al templo Rinnoji, que estaba en obras. Apenas había gente visitándolo y el edificio principal estaba todo con andamios, una pena. Así que decidimos ir a ver el famoso puente Shinkyo, conocido por ser el lugar sagrado donde el monje budista Shodo Shonin (fundador de la primera ermita en Nikko, en el 782) atravesó el rio Daiya a lomos de dos enormes serpientes.

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Como no pasaba ningún bus y se suponía que estábamos cerca de la estación, fuimos andando por la calle principal del pueblo, que está llena de tiendecitas. Sin embargo, acabó siendo casi media hora y llegamos reventados. Cogimos el penúltimo tren (el de las 17h), llegamos 20 minutos antes de que saliera y ¡menos mal! porque como sólo eran 2 vagones y a esa hora todo el mundo quiere volver porque las cosas cierran, pues iba llenísimo de gente. No me quiero imaginar cómo iría el último tren, si nos hubiéramos esperado más a lo mejor tenemos que dormir debajo del puente Shinkyo… Muy feliz

Pasamos todo el trayecto durmiendo, como es tradición hacer en el transporte público de Japón (es increíble la facilidad con la que se duermen) y llegamos a Asakusa sobre las 19:30h. Allí encontramos un sitio para cenar al lado de la estación de metro que era muy barato (unos 600 yens) y estaba muy bien:

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