ESCALA DE 3 DÍAS EN TOKYO (2/2)

ESCALA DE 3 DÍAS EN TOKYO (2/2)

  • Segundo día en Tokyo: Tsukiji, Tokyo Tower y Odaiba

Si el post anterior había sido un remember de los sitios que más nos gustaron en el primer viaje a Japón, este día vimos sitios que nos quedaron pendientes por falta de tiempo: la Lonja de Pescado Tsukiji y la Tokyo Tower. Además nos permitimos varios caprichos culinarios y también repetimos la experiencia de bañarnos en el Oedo Onsen Monogatari.

Ese día desayunamos solo un meron pan del 7 Eleven porque pasaríamos la mañana comiendo sushi en la Lonja de pescado Tsukiji (línea de metro Hibiya hasta Tsukiji Station 170 yens). Si os apetece madrugar, podéis ver la famosa subasta de atún, que es gratuita y abierta a los turistas de 5:30 a 6:30 de la mañana. Sin embargo, tendréis que estar allí a las 2am para aseguraros ser uno de los 120 afortunados que tengan plaza para entrar. A nosotros no nos apetecía madrugar tanto, así que fuimos al mercado directamente sobre las 9h. Los restaurantes están abiertos hasta el mediodía y en esta web podréis ver en rojo los días que el mercado está cerrado.

A parte de ser la mayor lonja de pescado del mundo (450 tipos diferentes y casi 3000 toneladas de pescado por día), el mercado también vende frutas, hortalizas, accesorios de cocina, ropa y otras cosas. Está muy animado y podréis degustar más tipos de comida, a parte del sushi.

Primero probamos una tabla de atún o maguro (fat y medium fat) ¡y estaba buenísimo! Se supone que cuanto más blanco, más rico es, porque es la parte más grasa del atún. Nos costó 1700 yens la tabla con 5 piezas en un puestecito dentro del mercado.

Después en otro puestecito pedimos makis de atún flambeado (nuestros preferidos) y nos costaron 500 yens cada uno.

Una vez saciados, visitamos unos jardines que están a 15 minutos del mercado: Hama Rikyu Gardens. La entrada cuesta 300 yens (2,5€) por persona y abren de 9-17h.

Estos jardines tradicionales japoneses fueron construídos en un inicio como residencia de la familia Tokugawa. Es un lugar que trasmite paz y que contrasta con los edificios de alrededor. Su estanque es de agua salada de la bahía de Tokyo y en un islote encontraremos una bonita casa del té donde podremos tomar algo mientras disfrutamos de las vistas.

Después cogimos el metro en Tukiji St. hasta la parada Kamiyacho St. (línea Hibiya) para ir a la Tokyo Tower.  Esta “Torre Eiffel” roja y blanca es uno de los iconos de la ciudad de Tokyo. Mide 332,6 metros de altura, pesa 4000 toneladas y su función principal es como antena de transmisión de señales analógicas. 

A parte, tiene un mirador de 2 plantas desde el que se puede disfrutar de las vistas de la ciudad. Se sube con un ascensor de cristal y la entrada al Observatorio Principal (150 metros de altura) son 900 yens por persona. Si además queréis subir al Observatorio Especial (250 metros) serán 2800 yens los 2. El horario del mirador es de 9-23h y esta es su web para más información.

En su base está el Food Town, un espacio con tiendas, restaurantes, museos y ¡hasta un mini-parque de atracciones de One Piece!

Es recomendable visitar el templo Zozo-ji porque desde sus jardines podréis tomar bonitas fotos del templo y la Tokyo Tower, aunque a nosotros no nos dio tiempo a verlo. La entrada es gratuita y abre de 9-17h.

Otro mirador que nos queda pendiente para nuestro próximo viaje a Japón (porque volveremos) es el Sky Tree. Actualmente es el más alto de Tokyo con 634 metros de altura.

De vuelta al metro nos encontramos con gente conduciendo unos karts disfrazados de Mario Bross ¡todo es posible en Japón!.

Cogimos el metro hasta la parada de Higashi Ginza (línea Hibiya) y en el barrio de Ginza fuimos a comer a un restaurante de carne de kobe que nos habían recomendado porque al mediodía el menú es más barato. Se llama Restaurante Gyu-an (Ginza 6-13-6 B1F):

El menú Wagyu A3 Sirloin nos costó 1900 yens los 2. Incluía arroz, sopa de miso y un bistec de carne wagyu que estaba riquísimo ¡una explosión de sabor en la boca! Normalmente suele ser bastante más cara, así que quedamos satisfechos y el restaurante era muy acogedor.

Al salir aprovechamos y de postre probamos las famosas pastelerías del barrio de Ginza y compramos un dorayaki y un pastelito de té verde y chocolate blanco.

 

También fuimos a ver el teatro Kabuki-za que es el principal teatro en Tokyo para representaciones de teatro tradicional japonés o kabuki.

Desde allí fuimos a Odaiba porque es otro de nuestros sitios favoritos de Tokyo y queríamos volver a bañarnos en un onsen. Para llegar cogimos el metro hasta la parada de Shimbashi (Asakusa Line) y después el Monorraíl Yurikamome hasta la parada de Daiba (320 yens).

Allí dimos una vuelta por la playa artificial de la Bahía de Odaiba, donde está la réplica en miniatura de la Estatua de la Libertad y el Raibow Bridge. La otra vez lo vimos de noche iluminado y esta vez pudimos verlo de día:

También llegamos hasta la zona de Palette Town, donde está la noria y el robot gigante de Gundam. ¡Poco después de ir nosotros lo reemplazaron por otro aún mayor!

Cuando ya anochecía fuimos andando hasta el Oedo Onsen Monogatari. Queríamos repetir esta experiencia porque fue nuestro primer onsen público de Japón y nos pareció muy auténtico. Está decorado como si fuera un poblado de la época Edo y puedes pasearte entre las tiendas y los restaurantes con tu yukata.

Este onsen abre desde las 11am hasta las 9am del día siguiente, es decir, que está abierto toda la noche. El precio son 2480 yens (21€) y si entráis después de las 18h serán 1980 yens (17€).

Al llegar dejas los zapatos, eliges el color de tu yukata y te dan un pulsera magnética con la que pagarás todas las compras extra que hagas en el interior (comida, compras, masajes, etc.). Entonces entras en el primer vestuario y allí dejas toda tu ropa y pertenencias y entras a la zona común vestido con tu yukata, la pulsera y si queréis, una cámara de fotos o móvil.

El baño de pies exterior también es mixto y de noche con los farolillos iluminados y el jardín es muy romántico. No os preocupéis si hace frío porque os prestan unas chaquetas.

La zona de baños sí que está segregada por sexos porque antes de entrar tienes que dejarlo todo en otra taquilla y entrar completamente desnudo. Sólo te dan una mini toalla que ellos usan para ponérsela en la frente.

Antes de bañaros tenéis que lavaros en las típicas duchas de los onsen, en las que te sientas en un taburete y te echas cubos de agua por encima. Tienen jabón, champú, acondicionador y todo lo que puedas necesitar.

¡Ya sólo queda disfrutar de los baños termales interiores y exteriores a distintas temperaturas! Hay algunas con chorros, aguas sulfurosas y hasta una sauna. Las veces que hemos ido éramos los únicos occidentales, por lo que nos miraban con curiosidad. Aunque esta vez lo pasé un poco mal porque los tatuajes están prohibidos y yo llevo la palabra “Wanderlust” tatuada detrás del cuello muy pequeñita. Intenté tapármela con el pelo pero vinieron a ofrecerme una goma para que me lo recogiera, así que después intentaba tapármelo con la mini toalla, pero estuve todo el rato sufriendo porque si te lo ven, te echan del balneario. Después vi a una chica que llevaba uno tapado con una tirita, así que es una buena solución si no es muy grande. Si lleváis muchos tatuajes o son grandes, no intentéis entrar en los onsen públicos porque son muy estrictos con el tema, es mejor que cojáis uno privado de un hotel o ryokan.

Cuando ya estéis lo suficientemente relajados, os volvéis a duchar y en el vestuario os darán una toalla grande para secaros. Allí tendréis cremitas, secador, peine y todo lo necesario para poneros guapos. Así que podéis entrar con lo puesto porque os lo dan todo gratis.

Después nos tomamos un té en la zona común y en el otro vestuario recogimos nuestras cosas y nos cambiamos. Al salir devuelves la pulsera y el yukata y pagas lo que hayas gastado.

Para volver fuimos a la parada de monorraíl Telecom Center para volver a Shimbashi (380 yens) y desde allí coger el metro hasta la zona de nuestro hotel, donde buscamos un sitio para cenar.

No queríamos irnos de Japón sin probar un sukiyaki, es un plato que consiste en tiras de carne muy finas que se mojan en huevo crudo y después se cuecen unos segundos en una salsa junto con tofu y verduras. ¡Está muy rico! Elegimos un restaurante que especializado en este plato que estaba cerca del hotel, ¡pero no sabíamos que iba a ser tan caro! Cuando nos trajeron la carta, vimos que el más barato eran 17800 yens y ya estábamos sentados sin zapatos ni chaqueta… ¡no había escapatoria!

Así que cogimos solo el sukiyaki y agua, a pesar de que nos quedamos con hambre y de que la encantadora abuelita que nos lo cocinó delante nuestro no paraba de ofrecernos más comida. Ese día entre el sushi y la carne de Kobe ya habíamos gastado el presupuesto de comida para toda una semana, así que este plato nos sentó hasta mal ¡jajaja! Tendríamos que abstenernos de más caprichos en los siguientes días…

El restaurante se llamaba Imahan Main Store (2-9-12 Nihonbashi Ningyocho), por si os sentís generosos.

  • Último día en Tokyo: Asakusa y Akkihabara

Ese día por la tarde teníamos que coger el vuelo a Cairns con Jetstar Airways (170€) y llegaríamos a las 5am del día siguiente sin escalas. Así que aún teníamos la mañana para seguir disfrutando de Tokyo.

Dejamos las maletas en el hotel y nos fuimos a ver el famoso templo Senso-ji de Asakusa, el templo budista más antiguo de Tokyo y nuestro preferido. Es gratuito y abre de 6- 17h.

Para llegar tendréis que cruzar la puerta Kaminarimon con su farolillo gigante y recorrer la calle Nakamise-dori, que está llena de puestecitos de comida y souvenirs.

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Al final de la calle encontraréis la segunda puerta de acceso al templo: la puerta Hozomon. ¡No os perdáis las alpargatas gigantes que pesan 2,5 toneladas cada una!

Una vez la hemos cruzado, veremos la pagoda de 5 pisos y tiendas de amuletos o papelitos de la fortuna omikuji. Estos últimos valen 100 yens y consiste en sacar un palito de un contenedor de metal, este palito lleva un número y tendréis que buscar el cajón que lleve ese número y sacar el papel que os dirá vuestra fortuna (está en inglés también). A mi me salió muy mala suerte, pero no os preocupéis porque si pasa esto, atáis el papelito a unas cuerdas y se soluciona todo.

También podréis comprar barritas de incienso para prenderlas y echaros el humo para mejorar vuestra salud (ritual de ablución).

Finalmente llegamos al salón principal Hondo o Kannon-do, que es Tesoro Nacional. En el interior del santuario encontraremos una réplica de Kannon y otras estatuas de deidades budistas. Suele estar abarrotado de gente haciendo ofrendas en los altares.

Si giramos a la izquierda del santuario, encontraremos otros más pequeños y pequeñas zonas ajardinadas hasta llegar a un centro comercial cubierto. Aquí está Asakusa Kagetsudo, ¡la tienda donde podréis comprar el mejor meron pan de Tokyo! Nosotros probamos uno normal (200 yens) y otro relleno de helado de calabaza (450 yens). ¡Deliciosos!

Para los que no sepáis que es el meron pan, es un dulce que recuerda un poco a un donut porque está cubierto de azúcar y es tierno por dentro. Se traduce como “pan de melón” porque algunos suelen tener ese sabor, pero no todos. ¡Tenéis que probarlos!

Al volver vimos que había una especie de procesión en el templo, llevaban una estatua e iban vestidos de forma tradicional pero no tenemos ni idea de qué celebraban.

Después cogimos el metro desde la parada Asakusa hasta Akihabara, ¡el paraíso de los frikis como nosotros!. En este barrio encontraréis tiendas de electrónica (Yodobashi Camera), mil tiendas de manga, ánime y merchandising como el Mandarake Complex y edificios enteros de Pachinkos, videojuegos y recreativos como los de la Sega (una partida cuesta unos 100 yens).

También podréis encontrar el Gundam Café o alguno de los Maid cafés que abren a los turistas como el @home café. En estos restaurantes cosplay las camareras van vestidas de sirvientas con estética lolita y sirven a los clientes como si fuesen sus amos. Pueden hacer juegos infantiles, cantar o ponerte un corazón de ketchup en la tortilla. A nosotros personalmente no nos hacen mucha gracia, pero deben ser toda una experiencia nipona.

¡Lo que sí no os podéis perder es haceros fotos en un fotomatón (400 yens)! Aquí se lo toman en serio y tienen disfraces, una zona para maquillarse y ponerse pelucas. Después te haces las fotos y cuando piensas que ya van a salir… ¡no! ¡Tienes que ir a la parte de atrás de la máquina para retocarlas! Allí pones marcos, dibujitos, te agrandas los ojos y cuando por fin estás satisfecho le das a imprimir y sale algo como esto:

Para acabar nuestra última mañana en Tokyo comimos en un sitio de hamburguesas rebozadas y croquetas que estaba riquísimo. El menú costaba 980 yens y estaba en el mismo barrio de Akihabara pero no sabemos como se llama (si alguien sabe japonés, es este):

También cogimos unos takoyakis (bolitas de pulpo) y taiyakis (pastel en forma de pez relleno de judía roja azuki) para comernos en el aeropuerto.

Y ya fuimos al hotel a recoger las maletas y cogimos la línea Asakusa de metro que va tanto al aeropuerto Narita como al Haneda (solo los trenes que pone Narita Airport o Haneda Airport). Sale por 1300 yens, mucho más barato que el Narita Express.

¡Aquí finaliza nuestra escala de 2 días y medio en Tokyo! Como podéis ver, cumplimos nuestra misión de comer toda la comida japonesa que podíamos y más. Nos quitamos el mono de Japón durante un tiempo, ¡aunque ya está volviendo! ¡Y es que Japón es nuestro país favorito del mundo mundial!

Esperamos que os haya gustado y os animamos a leer los posts del otro viaje a Japón que hicimos por si os habéis quedado con ganas de más.

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